La pregunta parece un poco salida de tono y
formulada por alguien que ha llegado de otro planeta o quizá de los más recónditos
lugares del mundo, donde las noticias colombianas no llegan, pero la verdad es
que indistintamente de los resultados que logren las partes en la Habana o en
cualquier otro escenario de negociación, pareciera una utopía hablar de paz en
Colombia.
Mientras los colombianos, con grandes ilusiones
esperamos que desde Cuba lleguen vientos de paz, muy lejos de la realidad
diariamente se escuchan acciones de violencia y no precisamente están
supeditadas a las órdenes que emane el secretariado de las FARC o los
negociadores.
Mientras se sostienen diálogos entre
representantes del gobierno y las FARC, muchas estructuras sostienen sus
actividades criminales, porque precisamente sus acciones no se rigen por las líneas
de "lucha armada" de la organización, muchas estructuras están
dedicadas a delitos igual que cualquier grupo criminal, especialmente el
narcotráfico. Por eso podríamos decir que lo que se negocia en Cuba, no es la
paz, sino una repartición de ideas de poder político, militar y económico,
mientras los colombianos continuamos en guerra.
Guerra que se ve a diario en muchas regiones del país,
en las principales ciudades, departamentos completos y dentro de las mismas
instituciones que hacen parte del estado colombiano.
Solo para citar algunos casos de la violencia que
se vive en Colombia y no se está negociando en la Habana, podríamos referenciar
sin el ánimo de estigmatizar, sino llamar la atención de los decisores, la
ciudad de Medellín, donde todo mundo esta directa o indirectamente bajo la
demanda de los que impongan las organizaciones criminales, bajo diversas formas
de camuflar el delito. Regiones del país, como La Guajira, Cesar, Chocó
Buenaventura, donde la guerra la libran los habitantes contra la desigualdad,
el desequilibrio económico, la conflictividad social y en un conjunto la
pobreza.
Muchas regiones con grandes emporios económicos
derivados de la explotación de carbón y el petróleo, que proveen al país una de
las mayores líneas de exportación e ingresos para nuestro país, sufren las más
nefastas condiciones de pobreza, la población espera como "lazaros"
que las administraciones municipales y las mismas multinacionales dejen caer
abrojos para recogerlos y con la impotencia intelectual de buscar actividades
económicas distintas a las "riquezas" del subsuelo.
Estas condiciones de desigualdad, donde los más
"sagaces" monopolizan el capital y alimentan diariamente las
organizaciones criminales, que exterminan a cualquier ciudadano que no se
someta a sus exigencias y muchas veces a cualquier voz que se oponga o censure
sus crímenes, hacen pensar que estamos muy lejos de una negociación de
paz.
Si bien es cierto, las FARC constituyen una de
las principales amenazas a la estabilidad del estado colombiano y sus prácticas
criminales intimidan a todo el pueblo colombiano y lo aterrorizan con el solo
anuncio de "paro armado" también es cierto que de los casi 15.000
homicidios ocurridos en Colombia durante 2012, esa organización participó solo
en aproximadamente el 7.5% de muertes.
Surge entonces la pregunta si ¿el otro 92.5% de
homicidios son fruto de riñas entre ciudadanos o si por el contrario la mayoría
de ellos corresponde a hechos violentos ejecutados por el resto de
organizaciones criminales que no se han nombrado en la Habana y no hacen parte
de diálogos de paz?.
Solo en Medellín, murieron 1.247 personas la
mayoría de ellas a manos de las organizaciones criminales, En Cali 1.786, La
Guajira 247, sin mencionar a Bogotá, debido a la confluencia de diversas formas
de violencia, pero que valdría la pena analizar si esas formas de violencia no requieren
una vinculación a un proceso de paz, un proceso de paz que requiere una
negociación entre toda la sociedad colombiana, requiere un liderazgo de
nuestras instituciones, las alcaldías, las autoridades locales, para alcanzar
un verdadero estatus de paz, lejos de acuerdos, repartición de poderes y el
pago de viáticos, podríamos entonces hablar de proceso de paz en
Colombia.
Este último es un papel que requiere el liderazgo
de una institución que ha sido constituida para tal fin, La Policía Nacional,
que lejos de las oficinas y los procesos de certificación de calidad, deberían
estar al frente de la batalla en la lucha contra la violencia que a diario
surge en la calle.
Este es un verdadero rol que debe cumplir nuestra
Policía, con la subordinación de la sociedad e inclusive muchas entidades, que
deberían estar orientadas por los requerimientos de esta institución, que
ha perdido autoridad y legitimidad debido diversos factores, entre ellos a los
mismos actos de abuso de autoridad y porque no decir una guerra que se vive al
interior, para tratar de combatir a los delincuentes que han logrado vincularse
a ella y que la hacen ver como una institución corrupta, pero que a la postre
ha sido igualmente victima de los delincuentes.
Por. Leonidas Espinel Raigosa
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Queremos conocer su opinion sobre este articulo