¿Guarida de ladrones o abandono social?


Los habitantes de Valledupar en el departamento del Cesar, creen tener la respuesta a los problemas de inseguridad que durante muchos años, los han afectado en relación a hurtos, consumo de sustancias alucinógenas, salubridad pública y habitantes de la calle. A juicio de los “expertos” la razón para que estos delitos hayan aumentado en los dos últimos años, es “la concentración de delincuentes en la invasión los Guasimales” según lo expone don Leonidas  Suarez, quien es propietario de varias empresas que han sido objeto de algunos hurtos, el expone que “allí es donde se planean los hurtos, pues la gente como no le gusta trabajar, se dedica es a robar en sectores cercanos y tienen facilidad para esconderse en ese barrio”.  

O como señala la señora Josefina Duarte, quien ha sufrido dos hurtos en su propia residencia y según ella “ese barrio Guasimales en una guarida de ladrones, que ninguna autoridad ha querido prestarle atención”. 

Para conocer un poco más sobre esta comunidad, ingresé a lo más profundo de la invasión donde como diría don Leopoldo Araujo, “de allá uno sale sin ropa”, pero luego de investigar y hablar con muchos ciudadanos, encontré que al igual que usted o yo, allí viven personas comunes y corrientes, tienen unos sueños, unos planes como los tiene el señor Leonidas, doña Josefina o don Leopoldo y tienen unos niños por quien luchar.

Y aunque no comparten los mismos orígenes, porque provienen de distintos departamentos como La Guajira, Magdalena, Sur de Bolívar y otros municipios del Cesar, sí comparten las mismas ilusiones, los mismos sueños o sus planes. Pues a pesar que muchos de ellos fueron obligados a abandonar sus tierras, sus ganados, sus fuentes de sustento, en una lucha por el poder económico de los narcotraficantes y gente de todos los estratos sociales.

Otros de origen más cercano, de pueblos vecinos a Valledupar, han tenido que recogerse allí en una invasión, tratando de buscar un medio de subsistencia, los niños tratan de jugar con las pocas cosas que sus condiciones les provee, entonces se dedican a hacer muñecos de barro, hacer grandes pistas aéreas o ferroviarias en el mismo lodo que se forma en sus viviendas; esa es parte de su escuela, pues muchos no pueden asistir a un colegio porque no alcanzaron a un cupo o sus padres no tienen dinero para comprar el uniforme.

Y es que el señalamiento contra estos habitantes no es mentida, como dice la señora Leonilde Toloza, una señora de la tercera edad que llora su “triste vida”, ella asegura que entre las 3180 familias que conforman la invasión los Guasimales, “se encuentra de todo, de todo hay en la viña del señor, unos somos desplazados, otras son personas pobres de por aquí del mismo sector, otros son unos vividores que vienen y venden los lotes y los revenden varias veces para lucrarse, pero también hay ladrones, hay viciosos y hay vividores que les gusta ponerlo a uno a pelear con el gobierno, para cobrar más caros los lotes, prometiendo que obligarán al gobierno a que nos den subsidio de vivienda” 

Así también lo señala “El Cacha” un líder comunitario que debió abandonar su tierra en el sur de Bolívar, porque a juicio de los “paramilitares, él era un estorbo para sus negocios de droga”. Éste humilde desplazado dice que “la gente de los barrios vecinos como Los Musicos, novalito y otros aledaños, se quejan que los que vivimos aquí somos unos ladrones, pero lo que no saben es que nosotros además de sufrir la violencia del desplazamiento, el abandono del estado y el olvido de la sociedad, también sufrimos hurtos de los ladrones que se pasean por acá sin que la Policía nos preste seguridad; no nos roban cosas de valor como en otros barrios, pero con una moneda que nos quiten, nos dejan en la inopia”.

En la investigación, nuestro equipo logró conocer a muchas personas hospitalarias, amables, trabajadoras y emprendedoras que lo único que esperan es una oportunidad para volver a sus tierras o un espacio de la misma sociedad, para que les enseñen a hacer actividades diferentes a las que desarrollaban en el campo donde vivían. Otras familias que siempre han vivido en Valledupar en un estado de extrema pobreza, esperan que la sociedad les dé una mirada  y en vez de señalarlos de ladrones, les ofrezcan un trabajo donde puedan producir algo que les permita ganarse unos pesos para sostener a sus familias.

Pero contrario a lo que prometen los políticos en campaña, allí existe un abandono total del estado y la sociedad, “los únicos que vienen son los Policías y la electrificadora” dice la señora Sandra Martínez, “los Policías algunas veces vienen y hablan con uno, otras veces pasan por ahí buscando a los ladrones, pero en la noche que nos coma el tigre, porque quizás a ellos también les da miedo. La electrificadora viene es a intentar cortar la luz”, así lo confirma Yamile, quien asegura que “aquí uno no sabe cuándo es  el día de las madres, o el día de los niños, por aquí no se ve nadie de la alcaldía, las únicas noticias que tuvimos de la alcaldía, fue cuando nos iban a desalojar, nos mandaron como mil policías del ESMAD, para que nos sacaran a garrote, pero no nos preguntaron si teníamos para donde irnos, por fortuna los del ESMAD como que no se le midieron a sacarnos”.

Para tratar de ayudar a estas personas, nuestro reportero estuvo en la alcaldía municipal para averiguar cuáles son los programas o proyectos de ocupación para estas personas, pero extraoficialmente una funcionaria nos dijo que “es que en Valledupar, faltan políticas sociales y de empleo para las personas, no existe realmente un compromiso por parte del alcalde”.  Pudimos establecer que existen algunos proyectos de vivienda, pero posiblemente serán entregadas mediante subsidio a inescrupulosos que viven de este negocio.  

El SENA, tiene un programa para capacitar personas en diversos cursos, como procesamiento de leche, confección de ropa, procesamiento de alimentos que “son muy buenos” como dice uno de los profesores; pero que a la larga no tienen ninguna utilidad para estas personas pues en concordancia con lo expuesto por la señora Yamile “uno que saca con un cartón de procesamiento de leche, si no tiene vacas, tocaría ordeñar a la perra, porque ¿qué va uno a procesar?, para que le sirve a uno aprender confección si ni siquiera tiene para el desayuno, mucho menos para comprar una máquina de coser que vale millones”.

Pero mientras estas personas siguen sufriendo la pobreza, la estigmatización y señalamientos por parte de sociedad, nadie les ofrece una posibilidad de desarrollo, que además de haber perdido sus tierras y bienes, siguen siendo víctimas del abandono de las personas que dicen ser “de bien” pero que nunca han visto más allá de sus intereses y se consideran ajenos a una problemática que enfrenta una comunidad, integrada por personas de carne y huesos, unos niños como los hijos de cualquiera de nosotros, que ansiosamente esperan que alguna persona de aquellas que se autoproclaman lideres, le den una mirada y les ofrezcan la oportunidad de volver a crecer en una comunidad más digna.

¿ Quien sera el destinatario de la reparacion en el marco de la ley de victimas?

Ojala me equivoque en mi percepción, y roguemos a DIOS que así sea, que lejos de mi punto de vista, se aplique la reparación a las víctimas. 

Pero es triste decir que muy distante de la realidad, observaremos como el dinero del estado, de los colombianos se diluye en las manos de los mas “vivos”, mientras las victimas seguirán en su condición de indefención y soportando sus penurias solos. 

La realidad de nuestra sociedad, dista de todos los comentarios, noticias, intensiones y buenas palabras que nos sobran, somos alegóricos “solidarizándonos” con las víctimas, pero nuestra cultura nos enseña otra cosa. De las reparaciones que se supone hará el estado a las víctimas, como la misma ley recién aprobada, se dividirá en dos categorías, una simbólica y otra pecuniaria. Hasta ahí todo suena bien. El problema es ¿en manos de quien van a quedar esas reparaciones?. 

Pero casi tengo la respuesta a la mano, no es mi imaginación, no es una percepción de astrólogos, ni la lectura de las cartas, es una realidad que se ve diariamente en mi querida Colombia, las reparaciones pecuniarias irán a las víctimas de quienes durante muchos años han vivido a costa del estado y la sociedad y las ayudas simbólicas, llegarán a las verdaderas víctimas a los pobres que quedaron en condiciones infrahumanas, luego de haber sido desplazados, huérfanos o viudas (dos). Suena absurdo decirlo, pero esa es la realidad, mientras los campesinos que han dedicado toda su vida a producir algo para que ricos, pobres, políticos, militares o delincuentes se alimenten, y fueron desplazados por los violentos, por no hacer parte de su proyecto criminal o simplemente por considerarlos un estorbo, otra enorme comunidad de “vividores” esperan ansiosos para surtir todos los tramites que les permitirá acceder a las reparaciones pecuniarias. 

Un campesino trabaja desde las 4:30 am hasta las 7:00 pm, de lunes a sábado y el domingo solo tiene tiempo para ir a comprar el mercado de la semana. Así que no le queda tiempo para tramitar los documentos para las reparaciones, es más, ni siquiera ven televisión, escasamente escuchan radio pero por allí nadie les ayuda a tramitar sus solicitudes. 

En el otro extremo, se encuentran aquellas personas que desde hace muchos años, deambulan de una ciudad a otra, declarando como desplazados a cada integrante de su familia de manera individual y reclamando ayudas, subsidios y atención del estado. Este grupo de personas, si tienen todo el tiempo suficiente y la información necesaria para tramitar la reclamación pecuniaria como víctimas de la violencia. Pero además de este grupo de personas, existe toda una maquinaria que como lo reza un dicho, “hecha la norma, hecha la trampa”, que se dedican a demandar para hacer efectivas estas indemnizaciones y claro, ahí ellos tienen su parte y entre más “victimas” orienten, mayores recursos obtendrán. Ahora surge el interrogante ¿Por qué, el estado no verifica realmente si es víctima o no, y cual es la condición en que sucedió la victimización? Pues la respuesta es simple, no se verifica porque los funcionarios responsables de este proceso si lo hacen, pero desde la oficina, desde allí verifican, donde vivía, de donde salió, cuanto terreno le fue sustraído, que propiedades tenía, cuantos familiares perdió y en qué circunstancias fallecieron. Y si no es así, que alguien me diga cuantos funcionarios de acción social han visto en una vereda verificando el lugar donde el declarante como desplazado vivía y cuáles eran sus propiedades y los motivos por los cuales se fue del lugar. 

El tema es tan interesante, que vale la pena dejar el debate abierto para que cada uno haga sus propias opiniones, lo más probable es que llegue a los oídos del gobierno antes que comience a repartir dinero a los más “vivos” y reparaciones a las víctimas reales.

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