El iceberg de las FARC

La amenaza terrorista en nuestro país, se ha convertido en un tema de opinión de primera línea, aún cuando no muchos se atreven a abordar de manera profunda, existe una notable divergencia entre las opiniones.

Algunos analistas dicen que la recuperación terrorista de las organizaciones especialmente las FARC, obedecen a la estrategia lanzada por el extinto Alfonso Cano, otros señalan que las políticas del actual presidente no son tan contundentes como las del anterior y analistas más osados sostiene que el Ejército se dedicó a tratar de quitar espacios que corresponden a la Policía Nación descuidando el tema de la guerrilla que día a día recuperan espacios otrora de su dominio.

También se hacen críticas al apoyo brindado por otros países y organizaciones internacionales, se les censura y exige que conozcan realmente cual es la naturaleza de las FARC y se les combata políticamente. Po rus parte, muchas organizaciones internacionales, cuestionan la incapacidad del estado colombiano, para resolver un conflicto que lleva casi 50 años, con una guerrilla de la misma antigüedad.
Sin embargo, pareciera que el concepto de los señores de la guerra toma fuerza y sustento, al considerar que quienes tienen el poder de tomar decisiones realmente efectivas para disolver el conflicto, no lo hacen, más bien pareciera que realmente se han confabulado para mantener el conflicto que posiblemente les representa rentabilidad. 

Pero ¿Cuándo se irán a tomar decisiones adecuadas para dirimir el conflicto? ¿Quién va a tomar la iniciativa de comenzar una actuación razonable? ¿Cómo se debe iniciar un combate efectivo a los violentos? ¿Quién o quiénes serán realmente los responsables de erradicar la guerra? Pues aunque las respuestas no sean sencillas de solucionar y mucho más difícil será encaminar las acciones, y obviamente mis conocimientos no alcanzan a formular ese importante modelo de actuación, por lo menos me atreveré a señalar que el problema de la violencia en Colombia, con su máxima expresión denominada guerrilla, es solo un iceberg de las condiciones en que vivimos los colombianos. 

El terrorismo en Colombia, tiene características idénticas a las de un iceberg, donde solo sobresale la punta que corresponde al lado que menos pesa en el problema, pero que en últimas, es la expresión del mismo. 

Cada vez que intentamos quitar esa punta de iceberg que para este caso es atacar a la guerrilla, el problema sigue emergiendo, quizás mucho más denso y extenso y definitivamente imposible de erradicar. 

La violencia en su conjunto surge y se alimenta al interior de cada hogar, de cada comunidad, barrio, población y región, consolidando un problema de nivel nacional. Los estudios de la ONU e investigaciones de muchos expertos, señalan que al menos el 80% de la violencia, surge por una necesidad insatisfecha de esa persona que se vincula al delito. 

Es cierto, que en Colombia, pueden existir 46 millones de necesidades insatisfechas y es imposible conocerlas y atenderlas una por una. Pero también es cierto que existen necesidades colectivas que lo único que se necesita es comenzar a actuar de manera coherente para atenderlas. 

Para este articulo, denominaré motivadores a todos los episodios que configuran actuaciones violentas y que motivan a personas de todos los estratos a vincularse con la violencia. 

Existen tres tipos de violencia que las autoridades, las tienen plenamente identificadas: el terrorismo, el crimen organizado y la inseguridad ciudadana. El terrorismo constituye la primera línea de atención, debido al impacto ante la opinión pública y la amenaza contra los intereses del gobierno de turno. Pero si observamos en cifras, de los casi 16.000 homicidios ocurridos en Colombia durante el año 2011, solo el 2% corresponde a acciones de la guerrilla y el mismo porcentaje de lesiones personales. 

Sin embargo, la inversión del estado para atacar este problema corresponde globalmente a un 25% del presupuesto nacional, en fortalecimiento armamentista, movilidad y logística para las fuerzas de combate. Con este presupuesto se pretende cortar la punta del iceberg de la violencia. 

Sin embargo, toda la base que sostiene esa manifestación de la violencia, sigue sin prestársele mayor atención. De de los homicidios restantes, solo tienen alguna atención por parte de la Policía Nacional, que le reconocemos sus inmensas intensiones, reflejadas contra las bandas criminales y el crimen organizado, que de acuerdo a cifras de la misma institución, solo son causantes de otro 11% de los homicidios. Pues el restante 87% queda “sin establecer” y es precisamente ahí donde está la fortaleza del problema. 

Algunos sencillos ejemplos de más de 1.00 que podríamos describir, no puede graficar un poco, acerca de cómo se configura la violencia en nuestro país.
Un campesino que nunca ha recibido ni siquiera la mirada del “estado”, mucho menos una ayuda para poder producir o vender su cosecha, que debe trabajar todos los sagrados días, que escasamente podrá ir a hacer oración los domingos, si la vía le permite desplazarse, que mira por televisión que se robaron el dinero de agro ingresos seguros, que escucha en la radio que se robaron las tierras, cuando él no tiene sino el lugar donde vive, que desapareció la plata de la salud, mientras vive penurias con sus enfermedades, que el presidente y toda la delegación viajó a otro país, mientras a su vereda solo va el notificador judicial para informarle el embargo por no pago de impuesto predial; si este campesino es abordado por un guerrillero que le dice que lucha por el poder, que lucha por recuperar el dinero que se están robando y le recuerdan todos los actos de corrupción, pues fácilmente lo recluta aún cuando el campesino tenga una corazón de servicio. 

Un estudiante universitario, que vinculado al sistema educativo colombiano lo único que alcanza a recibir de enseñanza es una reproducción de textos antiguos y obsoletos, una educación que no propone liderazgo, iniciativa o emprendimiento, unas aulas de clases donde la única autoridad que se ejerce es la del líder del “matoneo”, es abordado por un “ideólogo” de las FARC y fácilmente accede a “luchar contra el estado”. 

Es tan precaria la educación en Colombia, que no nos han enseñado que el estado incluye a todas las personas, instituciones y organizaciones que estamos dentro del territorio. Entonces basados en las leyes, todos tratan de responsabilizar al estado, de asumir las necesidades del pueblo, y olvidamos que el pueblo es parte del estado. 

La desigualdad social de la que tanto se habla pero que muy poco se hace, en un país donde existe la concepción de tener dinero rápido y lo más fácil posible, es el principal motivador de la violencia. Cuando una persona cansada de trabajar para un mejor futuro, que sabe que nunca llegará en sus condiciones precarias de trabajo, por mas pacifica, honesta y ética que sea, encuentra motivos suficientes, para aceptar la invitación de una banda criminal para que se vincule como colaborador o integrante. 

Cuando unos hermanos Nule, se hurtaron miles de millones de pesos que ni siquiera el estado ha podido determinar con exactitud la cifra y solo irán algunos años a las mansiones carcelarias apartadas para “cuello blanco” y millones de personas se acuestan con hambre por falta de dinero; cuando centenares de políticos son condenados por patrocinar grupos armados al margen de la ley, pero un juzgado ordena que se le debe permitir salidas periódicas con total libertad, mientras a los pobres condenados por homicidios en riñas, no tienen permiso ni siquiera para tomar el rayo de sol; cuando el político o terrateniente es declarado inocente y demanda al estado por miles de millones de pesos y se debe sacar del dinero del pueblo para “reconocer su derecho” mientras al pobre campesino no se le reconoce la perdida de la cosecha negligencia del gobierno frente a la ola invernal; eso motiva a las personas a vincularse a alguna forma de violencia, sea contra sus propios congéneres o los que considera enemigos.
Una forma inequívoca de erradicar la violencia, es comenzando a observar, donde se están cometiendo el 87% de los homicidios, cuales son los autores, pero no ir tras ellos únicamente, sino para observar las condiciones socio económicas y culturales del entorno, cuales son las necesidades del pueblo, cuales son las fortalezas de la gente. 

No obstante, lejos de esa realidad, la cadena de omisión de actuación, comienza desde el líder comunitario hasta el presidente de la republica y todos nos quedamos en intensiones, el presidente de la junta de acción comunal como responsable de liderar a su comunidad, únicamente trata de buscar recursos para su propio interés; el funcionario de la alcaldía que debe conocer de primera mano la problemática, hace la recolección, análisis y formulación de proyectos, desde la oficina sin despegarse del aire acondicionado o sin salir al frio de la calle, depende el clima donde este; los alcaldes y gobernadores desconocedores de las necesidades de su pueblo, autorizan el dinero para que se invierta en los proyectos elaborados en las oficinas y sin quien los lleve a la comunidad, haciendo que terminen en los bolsillos de los “más vivos” que mas tarde serán denunciados por corrupción y serán condenados con casa por cárcel. 

Nuestras esperanzas están puestas en el nuevo sistema de subsidios rurales, que se están desarrollando en todo el país, ojala no termine en manos de los familiares de los políticos, ministros, reinas o señores de la “vida pública” que además terminarían demandando al estado por daños y perjuicios derivados de investigaciones precluídas.

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